1. ¿Qué hacen un italiano, un argentino y un mexicano, tomando champagne en las Ramblas?
¿Qué hacen un italiano, un argentino y un mexicano,
tomando champagne en las Ramblas?
Puoi cambiare camicia se ne hai voglia
E se hai fiducia puoi cambiare scarpe
Con scarpe nuove puoi cambiare strada
E cambiando strada puoi cambiare idee
E con le idee si cambia il mondo
Ma il mondo non cambia spesso
Allora la tua vera rivoluzione sarà cambiare te stesso
….. Signore e signori, Alessandro Mannarino.
Corría el
ano 2019, por fin había tomado la decisión era momento de ir a conocer Italia,
el plan parecía bastante simple, me iba a comienzos del 2020 a Cancún con la
intención de trabajar unos tres o cuatro meses en un hotel juntar un poco de
dinero e irme, pero una semana luego de mi llegada al Caribe, el mundo se
encontraría confundido ante una cuarentena interminable llamada Pandemia. Así que
todo ese ano estuvo en Cancún, sobreviviendo, haciendo rendir el poco dinero
que tenìa y buscando generar lo mínimo para seguirme dando una buena vida. En esos
aventuras por sobrevivir tuve la chance de trabajar en Hostalito Mexican
Hostel, donde en Octubre nos llego el Huracán Delta, y con esa sacudida natural
tuve la suerte de conocer muchos jóvenes viajeros y de reencontrarme con
algunos amigos de antaño. Uno de esos nuevos amigos fue Andrea, un amigo
italiano a quien de las primeras cosas que yo le platiqué fue que yo iba para
Italia, el de inmediato me dijo que allá nos íbamos a encontrar lo cual desde
ese momento nos convirtió en socios de la vida, por otro lado uno de esos
reencuentros fue con mi amigo argentino el Facu, quien ahora andaba con su
novia Barbi y a quien también le platique mi idea de irme, él una tarde de
platicas existenciales me dijo que le tirara mi sueno al universo para que el en
su forma de telaraña me lo regresara.
Así paso el
2020, pero la Pandemia no pasaba, llegó el 2021, yo estuve entre yendo y
viniendo de Aguascalientes al Caribe, tratando de sobrevivir económicamente, de
pronto el destino y el buen corazón de una madrina me dejaron una pequeña
herencia, la cual desde el día que me entere supe que era para comprar el
boleto para irme a Italia. El esfuerzo para no tocar ese dinero fue difícil
pero al final no solo logre no tocar esos $20 mil pesos, si no que pude sumarle
un poco más. Durante este tiempo seguí en contacto con el italiano y con el
argentino, el primero me visito en Aguascalientes y luego se fue un tiempo a
trabajar a Tulum, el segundo en algún momento se fue justamente a Sicilia, la
isla italiana que era uno de mis suenos conocer, y un día me mando un mensaje
diciéndome que me imaginaba allá, pero que el solo estaría un tiempo pues luego
se fue a vivir a Barcelona. Por otro
lado justo cuando estaba viendo como ir de vuelta a Cancún con la excusas de la
boda de mi amigo Emilio, de pronto un día recibí un mensaje de Andrea
diciéndome que era el momento de irnos a Italia, que iba a buscar vuelos y que
si encontraba algo interesante me avisaba. Asi que todo se fue acomodando y un
par de semanas después de la fecha de la boda, encontramos un vuelo barato pero
de cuatro escalas hasta Barcelona. Y de ahí el sueno comenzó a fluir como si el
universo comenzara a regresarmelo en forma de telaraña.
Y bueno,
luego de un magnífico rol por el caribe, el lunes 4 de abril de 2022, Emilio ya casado me hizo el favor de llevarme
al aeropuerto, donde me encontré con Andrea, con quien se suponía iba a viajar
hasta allá lo cual me tranquilizaba mucho ante el probable interrogatorio de
migración al entrar a Europa con un ticket de avión de regreso falso pues mi
idea era aventar al frente a que èl explicara que iba invitado a pasar un
tiempo en su casa en Sardegna. Hasta ese momento no habíamos podido hacer el
check in on line, así que hicimos la interminable fila por más de una hora, y
al llegar Andrea comenzó a buscar a los que se veían más majos, pero resulto que nos tocó con un señor no tan majo, pues
finalmente no lo dejó abordar por solo tener una de las vacunas, completamente
sorprendidos nos miramos, a lo que el socio me dijo que yo tenía que arrancar,
que el llegaría en unos días en Barcelona, no había tiempo de nada, así que nos
despedimos, él se iba en el camioncito a
la otra terminal a intentar encontrar otro vuelo a Barcelona y yo me metía al
aeropuerto pues ya casi era hora de abordar el avión. Para llegar hasta
Barcelona yo debía tomar 4 aviones, con conexiones muy ajustadas de tiempo, de
Cancún a Philadelphia, de ahí a Lóndres, luego Berlín y finalmente Barcelona.
Desde el primer vuelo coincidí con una chica alemana, y con ella hice equipo
hasta llegar a Berlín. De Philadelphia a Lóndres tuvimos la suerte de que el
vuelo no iba lleno y me fui solo en mi fila de asientos, nos dieron de cenar, y
pude ver algunas películas. Luego en
Berlín me sellaron el pasaporte con un garabato extraño donde parecía que
solamente me daban 30 días en Europa, pero ni siquiera me preguntaron nada. Una
vez que llegue a Barcelona, pensé que me
iban a interrogar o pedirme el vuelo de salida, pero solo me hicieron mostrar
la prueba de Covid. Al llegar se sentía mucho frío, sobre todo por que mi
termostato venía ajustado al calor del Caribe, tome un bus hasta plaza Cataluña
y ahí esperé a que llegara Facu por mi, me llevó a su casa, me dieron de cenar,
hablamos y nos fuimos a dormir.
En mi
primer día nos fuimos Barbi, su amiga Nina, Facu y yo a subir al Tibidabo, con
lo cual mi primera impresión de Barcelona fue verlo desde arriba, entender la
playa, la montaña, los edificios icónicos, hacer picnic con los amigos, caminar
y caminar. Por la noche cenamos y
jugamos póquer con los compañeros de piso de los argentos. Al siguiente día comenzamos el día con una
partida de ping pong en la plaza Joanicque está a media cuadra del piso de
Facu, en el barrio de Gracia. De ahí nos hemos tomado el metro hasta la
Barceloneta, donde nos habíamos quedado de ver con Andrea, quien por fin había
logrado volar hasta Barcelona. Ahí caminamos por la playa para luego
introducirnos al barrio gótico, y luego a Rabal caminando por la rambla. De ahí
había que tomarnos algo para brindar, y ahí comienzó el chiste: ¿Qué hacen un
italiano, un argentino y un mexicano, sentados en un bar catalán?
Parecía un
chiste simple, pero esto se volvió mucho más complejo cuando en un instante se
aparecieron los gritos de una brasileña, a quien un árabe le acaba de arrebatar
su celular, quien fue perseguido y golpeado por un camarero español. Este
chiste lleno de humor negro me lo contó la vida misma en Barcelona mientras yo probaba
por primera vez en mi vida un Vermouth con sus aceituna y su rebanada de
naranja.
Luego de ahí,
Facu y yo nos regresamos pues en la noche teníamos una cita para jugar al
fútbol con la comunidad latina, así que tomamos las bicicletas y nos fuimos
pedaleando hasta la cancha. Tristemente en el terreno de juego me tocó jugar con el
equipo de los malos (tal vez donde ya yo pertenecía), tuve que cubrir a un chico
afro-descendiente unos veinte anos menor que yo, por lo que me hizo correr como
un loco. Luego del partido fuimos a un bar a tomar una cervecita para luego
volver a la casa.
El viernes arrancamos
al mediodía rumbo a Montjuic, nos vimos con Andrea, hicimos un par de retas de
ping pong, para luego seguir subiendo hasta el castillo, pasamos por la alberca
olímpica, luego al castillo, el cual admiramos por fuera junto con la vista del
mar mediterráneo. Al regreso pasamos por la villa olímpica, luego por el museo
y las fuentes mágicas, de ahí bajamos con mucha hambre por lo que fuimos por un
kebab y unas cervezas cuando eran aproximadamente las cinco de la tarde. Terminamos de comer, y sin imaginarnos que iba
a pasar decidimos ir por otra cerveza a sugerencia de Andrea, lo cual ya
indicaba peligro.
¿Qué hacen
un italiano, un argentino y un mexicano, tomando champagne en las ramblas?
Ya
ambientados con algunas cervezas encima Facu recomendó un bar donde vendían
unas botellas de champagne rosada a muy buen precio y unas tapas deliciosas. Por
lo que de pronto el chiste se repetía pero en este caso sin tanto humor negro,
o quizá si, pues en este caso el desenlace era que el italiano, el argentino y
el mexicano, tres simples viajeros, estaban jugando a vivir como los grandes
magnates del mundo. Y si supieran como terminamos. La noche continuó y la
fiesta fue multiplicándose exponencialmente, en un punto nos encontramos con
Jaime mi amigo de las Islas Canarías quien justamente había volado hasta
Barcelona solo para saludarme y compartir un par de días conmigo. Terminamos en
un bar jugando futbolito, completamente ebrios de felicidad, a tal grado que no
recuerdo como regresamos Facu y yo a la casa. Al siguiente día desperté con una
cruda de las peores que he tenido en mi vida, y ahí el chiste no me parecía
nada gracioso. Por la tarde fui con
Jaime y con su amigo Hector al arco del triunfo, luego seguimos el rol por
Barcelona, me encontré con Pablo un amigo de mi hermano que vivía ahí ,
cenamos unas hamburguesas catalanas, y
regrese a dormir. Mi último día en
Barcelona fue con Jaime y Héctor al Parque Güel a admirar una de las
majestuosas obras de Gaudí, luego me invitaron a comer unos pimientos rellenos,
por la noche fui a visitar a otro amigo chileno al barrio Gótico. Regrese a casa, me despedí de Barbi y de
Facu, y me fui a dormir unas horas pues a las cinco de la mañana tenía que
estar en el aeropuerto donde me había quedado de ver con Andrea pues el destino
estaba trazado, y ese era Italia.
Andrea llego por su cuenta, todavía borracho, cuando nos subimos al avión la luna llena de un lado y el sol del alba por el otro, me llenaron los ojos de lágrimas. Mi socio bien influenciado por el alcohol y arrastrando un poco las palabras antes de quedarse dormido dijo: la luna llena en el mediterráneo es tan simbólica y premonitoria como el huracán en Cancún. El viaje fue corto, yo casi no me dormí pues la emoción me hizo concentrarme en el Mediterráneo a través de la ventana. Cuando aterrizamos ya nos esperaba Giuseppe el papá de Andrea, quien en el trayecto se paro en un bar para invitarnos un café que Andrea cambió por una cerveza. Mientras me tomaba mi primer espresso italiano pensé: “Es que esto es Italia, no me queda la menor puta duda de que esto es Italia, y ahora es toda una realidad”.

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